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Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo...
(Mario Benedetti)
martes, 27 de agosto de 2013
"...Mauricio.- Una noche el juez Mendizabal iba a firmar una sentencia de muerte; ya había firmado muchas en su vida y no había peligro de que le temblara el pulso. Todos sabíamos que ni con suplicas ni con lagrimas podría conseguirse nada. El juez Mendizabal era insensible al dolor humano, pero en cambio sentía una profunda ternura por los pájaros. Frente a su ventana abierta, el juez redactaba tranquilamente la sentencia. En aquel momento, en el jardín, rompió a cantar un ruiseñor. Fue como si de pronto se oyera latir en el silencio el corazón de la noche. Y aquella mano de hielo tembló por primera vez. Solo entonces comprendió que hasta en la vida mas pequeña hay algo tan sagrado y tan alto, que jamas un hombre tendrá el derecho de quitársela a otro. Y la sentencia no se firmo..."
Publicado por
Maria Sol Medina
en
11:02
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